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Un lugar peligroso en un país peligroso. Entrevista con Fernanda Ferral

lunes 15 junio 2020 - 6:09pm

Fernanda Y Maria Elena Ferral

Por Lucina Kathmann*


La vida de un periodista cambia con la violencia y las amenazas. Así sucedió con la periodista y estudiante de leyes María Fernanda de Luna Ferral, directora del sitio web El Quinto Poder de Veracruz, cuya vida se transformó el 30 de marzo de 2020, el día en que asesinaron a su madre, María Elena Ferral, también periodista. Maria Elena murió después de recibir al menos tres impactos de bala y se convirtió en la primera periodista mexicana asesinada de 2020 y la doceava durante el mandato de Andrés Manuel López Obrador, presidente de México.

México lleva dos décadas sumido en una espiral ascendente de asesinatos a periodistas, las cifras lo dicen: desde 2000, 133 comunicadores han sido asesinados y la impunidad en la investigación de los casos supera el 90%.

Pese a que María Fernanda de Luna Ferral ha estado protegida por guardaespaldas, el 24 de mayo de 2020 fue víctima de un ataque. Por ello, la voz de María Fernanda Ferral durante una entrevista telefónica que se llevó a cabo el 8 de junio de 2020, ilustra la realidad que viven los reporteros bajo amenaza en México.

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Soy María Fernanda de Luna Ferral, periodista y directora del portal en línea El Quinto Poder de Veracruz, y la hija de María Elena Ferral, una periodista premiada.

Soy de Papantla, Veracruz, una ciudad que ha sido nombrada como Pueblo Mágico. En el centro de nuestra ciudad, tenemos un hermoso mural dedicado a la cultura totonaca creado por el muralista Teodoro Cano, y una iglesia en lo alto de una colina, frente a la plaza de los danzantes mejor conocidos como “Los voladores de Papantla”.

Papantla es el centro de la cultura totonaca, y estamos muy orgullosos de nuestros pueblos originarios. La cultura sigue siendo evidente, pero como muchas culturas indígenas, está en riesgo de extinguirse porque los jóvenes no quieren usar el idioma, quieren estar más integrados con los nuevos medios.

El 30 de marzo de 2020, mi madre, María Elena Ferral, fue asesinada. Era una persona fuerte, absolutamente apasionada por su trabajo como periodista, una ganadora de premios estatales y nacionales, que reconocían su gran labor como periodista. He entendido por muchos años que un día tendría que enfrentar lo que ahora estoy enfrentando.

Mi madre vivió bajo amenazas durante 14 años. Gran parte de ese tiempo ella tuvo protección, al menos de algún tipo, pero desafortunadamente, en 2017, le fue retirado la protección por parte de Comisión Estatal para la Atención y la Protección de los Periodistas. Si el apoyo hubiera continuado, probablemente ella estaría viva hoy.

Nuestros guardias de seguridad han sido personas en quienes confiamos, actualmente mi seguridad no está bien respaldada por razones que aún no me explicó, no ha sido reforzada como debería, incluso justo ahora tengo el personal de seguridad durmiendo en mi cochera, ya que no hay suficiente apoyo para que tengan un departamento adecuado, entre otras cosas que se necesitan para garantizar mi seguridad.

Mi madre vivió con medidas de seguridad durante años, por lo que tener escoltas no es nuevo para mí. He aprendido a vivir con personal de seguridad, aparte de que son de mi entera confianza, les debo mi vida. Esta forma de vida no es tan extraña para mí como podría serlo para otras personas. Agradezco la protección.

El día que mi madre murió, solicité protección tanto de la Secretaría de Gobernación, de la Comisión Nacional de Derechos Humanos y a la Comisión Ejecutiva Estatal de Atención Integral a Víctimas, y recibí las medidas de protección el siguiente día.

Esta protección es por 60 días y he solicitado una extensión. No estoy en mi ciudad ahora. De hecho, desde que sufrí el atentado, se me ha prohibido regresar a mi casa en seis meses, a menos que haga arreglos especiales por adelantado.

Así me atacaron: el 24 de mayo, a las 11 de la mañana, estaba viajando con mis guardaespaldas. La primera señal de peligro que noté fue cuando el conductor dijo que alguien nos seguía. El guardia en el asiento trasero me cubrió con su cuerpo. Cuando alguien en el otro auto comenzó a disparar, devolvió el fuego. Pudimos escapar.

Sólo me faltan dos meses para terminar mis estudios en la Universidad Veracruzana en Poza Rica para convertirme en abogada. Estoy tratando de hacer todo a la vez para poder terminar a tiempo, mientras que debo sobrevivir al peligro.

Por ejemplo, en el municipio de Gutiérrez Zamora, había cuatro candidatos a la presidencia. Tres fueron asesinados antes de la elección. Fueron asesinados como mi madre. En cuanto a quién está disparando en nuestra área, todo esto se trata de controlar el territorio. Estamos ubicados en la única salida al mar, en Tecolutla, y mi madre escribió un importante artículo acerca de esto. Y sí, es un problema sistémico, no se trata de un criminal o de un grupo de criminales u otro. Siempre hay algún delincuente o grupo criminal que toman su lugar.

Mi madre y yo siempre hemos visto el rol del periodismo como un punto clave en esta situación. Si no hay investigaciones periodísticas y nadie denuncia lo que sucede, las fuerzas oscuras podrán tomar el mando por completo y sin ninguna forma de control. Se molestan porque decimos lo que están haciendo, y debemos continuar.

Veracruz es uno de los lugares más peligrosos en el país para ejercer el periodismo, y se encuentra en un país que es de los más peligrosos para hacer periodismo. ¡Así que quiero pedir la ayuda de todas las personas para evitar que seamos olvidados y, de hecho, para mantenerme con vida!

*Lucina Kathmann es Vicepresidente de PEN Internacional

Fotografía: Cortesía de Reporteros Sin Fronteras