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Burhan Sonmez: Discurso de aceptación

Os saludo a todos con los bellos sonidos de las diferentes lenguas del mundo:

Good morning

Buenos días

Bonjour

Zaoshang hao

Sabah alkhayr

Günaydın

Rojbaş

En nombre de los países que actualmente tienen problemas, como Afganistán, Birmania y Bielorrusia, agradezco a todos los centros PEN su trabajo solidario. Somos una gran familia de escritores en ciento cincuenta países.

Me gustaría agradecer a mis compañeros de candidatura Gioconda Belli y Ben Okri la energía y la inteligencia que ponen en su trabajo con PEN. Seguiremos trabajando juntos. Estoy convencido de que unidos somos más fuertes.

Agradezco a mis compañeros de PEN que me hayan confiado el futuro de PEN, un honor y una responsabilidad que reconozco y que tendré presente en mi mente y en mi corazón al desempeñar el papel de presidente de nuestra noble organización.

Como nuevo presidente de PEN International me siento orgulloso de recoger el testigo de grandes figuras de la literatura y la libertad como Cathrine Amy Dawson Scott, Jennifer Clement, Per Wastberg, John Ralston Saul, H.G. Wells, Arthur Miller y Heinrich Böll.

Mientras el mundo entero se enfrenta a la epidemia de la COVID-19, otra epidemia llamada autoritarismo se ha ido extendiendo. La libertad de expresión y la creatividad humana están sufriendo un grave ataque.

Hoy PEN International es más necesario que nunca.

Este año, en el centenario de PEN International, nos encontramos al borde de una frontera. Hace cien años, en el discurso de la primera cena del PEN, nuestro primer presidente John Galsworthy dijo: «Los escritores somos en cierto modo custodios de la naturaleza humana. Si somos estrictos y tenemos prejuicios, perjudicamos al género humano».

Me reafirmo hoy, cien años después, en este compromiso fundacional, consciente de la responsabilidad y la cautela de sus palabras.

PEN International defiende la libertad de expresión y es un refugio para los escritores en peligro. Es un lugar de hospitalidad para todos los escritores sin excepción. Trabajamos por la unidad de las letras a través del diálogo y la traducción. Nos mantenemos al margen de la política y los regímenes políticos con la misión de defender la libertad de expresión, los derechos lingüísticos y la igualdad.

PEN defiende de manera incansable a todos los escritores, a los jóvenes escritores, a las mujeres escritoras y a los escritores procedentes de comunidades minoritarias y oprimidas.

Reafirmamos hoy que nuestro deber es tender puentes entre países en conflicto a través del diálogo, la justicia y el intercambio —como estamos haciendo actualmente entre escritores de Rusia y Ucrania, poblaciones kurdas y Turquía o escritores tibetanos y chinos— y mantenemos la literatura como moneda común entre naciones.

Estamos convencidos de que en todas las circunstancias, pero particularmente en tiempos de guerra, las obras de arte y en general el patrimonio de la humanidad deben permanecer incólumes a la pasión nacional o política.

Defendemos el principio de la transmisión sin obstáculos del pensamiento en cada nación y entre todas las naciones.

Nos declaramos a favor de una prensa libre y nos oponemos a la censura arbitraria de cualquier forma. Consideramos que el avance necesario del mundo hacia un orden político y económico mucho más organizado hace imprescindible la crítica libre a gobiernos, administraciones e instituciones.

Del mismo modo que estamos destruyendo la naturaleza hoy en día, también se ataca a la naturaleza de la libertad humana. Nunca olvidamos a nuestros colegas encarcelados. Las autoridades deben saber que estamos vigilando y que nunca dejaremos solos a los escritores, estén donde estén encarcelados. No retrocederemos ante la opresión de la vigilancia, la censura o la incitación al odio.

Sabemos que el «Gran Hermano» nos vigila las 24 horas del día. Ya no existe una vida verdaderamente privada. Todo está en los centros de datos de las corporaciones, y cada una de nuestras palabras está en el punto de mira de los censores de las naciones.

Hoy, en el umbral de nuestro segundo siglo, nos unimos para elevar el poder de las palabras y la solidaridad en todo el mundo.

Creemos en la historia de PEN International. Nuestra historia nos ha guiado a través de cien años de amistad, exilio, rescate y apoyo a escritores perseguidos, luchas, misiones y debate intelectual. Somos plenamente conscientes de que la literatura no conoce fronteras, incluidas las del tiempo.

Seguimos nuestro camino con la esperanza y la determinación de nuestros fundadores. Hoy, la esperanza no es una promesa, o existe o no existe. Juntos, frente a los enormes desafíos, somos una gran familia con esperanza.

Mis últimas palabras son de un poema de Cathrine Amy Dawson Scott, nuestra madre fundadora:

«Y tú, ¿dónde te hallas?

Esperando en el Gran Silencio

el momento

de un renacimiento ...»

Efectivamente, el comienzo de nuestro nuevo siglo es el momento de un renacimiento.

Gracias.