Madeleine Thien escribe a Nguyễn Ngọc Như Quỳnh

M + MEstimada Nguyễn Ngọc Như Quỳnh,

Han pasado casi cinco meses desde tu juicio, un juicio de un día en el que fuiste sentenciada a diez años de prisión por "realizar propaganda contra el estado" en virtud del Artículo 88 del código penal de Vietnam, una ley que se usa de forma arbitraria y brutal para silenciar la disconformidad.

No sé si sabes que, por todo el mundo, tu juicio y sentencia causaron indignación y dolor, y tu caso fue visto como un ejemplo atroz del gobierno vietnamita usando el encarcelamiento (y como consecuencia separando familias) para castigar el discurso civil y pacífico. El juicio duró sólo un día. Han pasado 13 meses desde que fuiste arrestada y detenida. En estos meses, cuya pena y dificultad sólo puedo imaginar, la gente ha estado pensando en ti, hablando en tu nombre, y valientes blogueros en Vietnam piden tu liberación y continúan con el trabajo que tú inspiraste. Quiero que sepas que los esfuerzos de todos estos individuos y organizaciones, seres queridos y desconocidos, no pararán hasta que seas libre.

Pienso en el nombre que escribiste debajo, Madre Seta (Mẹ Nấm), y en qué hermoso y poderoso gesto es este nombre para tus hijos (tu hija llamada Nấm quien acaba de cumplir once años). Dijiste que comenzaste a bloguear porque querías que tu hija y tu hijo de dos años pudieran vivir en una sociedad más justa. Esperaste que Internet fuera un lugar de libertad y apertura, donde la gente común pudiera discutir y debatir sobre su futuro fuera de un medio de comunicación estatal estrechamente controlado y monitorizado. En tu blog y en las redes sociales, escribiste sobre los desafíos a los que se enfrenta tu comunidad y tu hogar: sobre los problemas sociales y ambientales, los derechos de la tierra, la brutalidad policial y las muertes bajo custodia. Estas son cuestiones de derechos humanos básicos, con que todos nosotros tenemos el derecho de lidiar, en palabras y en discurso, en el clima político que deseaste: un entorno libre de miedo. Tú escribiste sobre la luchas de los demás, y pediste la liberación de los presos políticos, y por eso, tu libertad te fue arrebatada.

En los últimos años, he estado escribiendo sobre otra madre, alguien que ahora tiene más de 80 años. Ella es la profesora Ding Zilin, una de las fundadoras de las Madres Tiananmen, quien, durante los últimos 28 años, ha sido perseguida, irregularmente detenida, y vigilada por el gobierno chino. Ambas sois mujeres valientes, persistentes y respetuosas. Y vosotras dos, madres de diferentes generaciones, estáis intentando vivir como deberíais, de hablar y de cultivar una libertad interna necesaria para todos los discursos cívicos. "Sé que no soy una madre muy audaz", escribió Ding Zilin. "No tengo resistencia. No tengo palabras bonitas ni inspiradoras. Pero en la lucha por los derechos humanos, pido justicia. He mantenido mi resistencia y sigo mi camino. Esta podría ser otra manera de vivir".

Tu escribiste: "Mi padre y mis abuelos eligieron el silencio por su propia seguridad. Ahora es mi momento, y tiene que ser diferente".

Me conmueve tu coraje, tu escritura, y tu disposición a ver en un mundo que prefiere que no veamos. Que simple sería guardar silencio, alejarse del sufrimiento de los demás y de las injusticias que nos rodean. Sin embargo, tú has demostrado en tus escritos y en tu vida, un compromiso con todos nosotros – tanto en Vietnam como en el exterior – en tu lucha para proteger los derechos básicos de los que todos dependemos. Que tus derechos te fueron negados - un juicio justo, un proceso legal adecuado y transparente, y la libertad de expresión - es una injusticia devastadora que ahora tenemos la responsabilidad de enfrentar.

Te deseo fortaleza y coraje, Nguyễn Ngọc Như Quỳnh. Por favor, sé consciente de que tu voz sigue siendo clara, resonante y poderosa. Nosotros seguiremos trabajando por tu libertad. Me he sentido tan inspirado por tu humanidad, por la fe que colocaste en tus palabras, y por tu bondad. Espero que tengamos la oportunidad de reunirnos pronto en persona.

Continuaré escribiéndote y hablando en tu nombre hasta el día en que tu libertad sea legítimamente devuelta a ti.

Con mis mejores deseos,

Madeleine Thien
Montreal, Canadá